Indignación y realidad

Autor: David Yanovich Para: elespectador.com Fecha: Marzo 13 de 2019

Durante la sequía de dos días del río Cauca como consecuencia del cierre de compuertas en Hidroituango, se rescataron y liberaron 708.402 peces y murieron 82.447, con un peso total de 878 kilogramos de biomasa. La mayor pérdida de peces corresponde a especies de porte pequeño y principalmente de hábitos locales.

Esto último es crucial para entender el impacto de la “crisis” pesquera causada por Hidroituango. ¡Los peses, en promedio, pesaban 10,6 gramos! Y su valor comercial era cero (sí, cierto), por no pertenecer a especies comerciales.

Ahora miremos lo que ha ocurrido con los ataques a los oleoductos, estos últimos causados principalmente por grupos al margen de la ley (farc, paramilitares y, sobre todo, Eln). En los últimos cinco años se han presentado más de 300 atentados a distintos sistemas de transporte de crudo, pero fundamentalmente al oleoducto Caño Limón-Coveñas, que lleva petróleo desde los campos de Arauca al principal puerto de exportación de crudo en el país (aproximadamente 260 del total de ataques fue en esta línea).

Como consecuencia de estos atentados, se calcula que se han derramado cerca de 200.000 barriles, de los cuales alrededor de 130.000 fueron en el Caño Limón-Coveñas. Para dar una idea de este impacto, en el escape de crudo en el pozo Lizama -por el cual la Procuraduría hizo un escándalo como si hubiera acabado medio departamento de Norte de Santander- Se derramaron 550 barriles.

El valor económico de 200.000 barriles, a un precio promedio de US$60 por barril, es de US$12 millones. Recursos que nunca llegaron a Ecopetrol, ni a las arcas de la Nación. Y el impacto social y ambiental de esos atentados, ese sí, es incalculable, pues el efecto de los derrames de petróleo se siente por muchos años después, particularmente cuando afectan fuentes de agua que sirven no solamente de acueducto a las poblaciones aledañas, sino como fuente de riego para la agricultura, que en la mayoría de los casos es la fuente de sustento de esas poblaciones.

Ahora, sin tener un estudio científico profundo, utilizando la herramienta de Google Trends para el número de búsquedas de noticias de Hidroituango y de Caño Limón entre abril de 2018 y hoy, los datos son 638 para el primero y cero para el segundo. Dato muy bajo si uno juzga por el eterno cacareo en las redes sobre el tema de la hidroeléctrica.

Los anteriores datos son, al decir lo menos, extraños. Y permitirían concluir que existe en el país una incoherencia absoluta entre la indignación y la realidad. A mi juicio, esto obedece a que los temas más fundamentales, como el ambiental, están perfumados de un podrido tufillo de oportunista y mezquino que forma la opinión de muchos colombianos.

Y lo peor de todo es que no solamente proviene de la oposición del gobierno de turno, sino también de las instituciones que supuestamente velan por el interés general. Como ejemplo, la reciente decisión del procurador de unirse a una acción popular con los gobernadores de algunos departamentos de la costa Atlántica (que queda a más de 250 kilómetros de la presa) por los supuestos efectos de Hidroituango en la zona.

Cómo le haría de bien a Colombia menos indignación y más realidad.