Hidroituango

Autor: Brigitte Baptiste Para: semana.com Fecha: Mayo 16 de 2018

Es difícil escribir algo sereno cuando los acontecimientos se despliegan y tienen tantas repercusiones en la vida de las miles y miles de personas que se encuentran en el área de riesgo de inundaciones derivadas de la crisis del represamiento imprevisto de las aguas del río Cauca.

Una serie de dramáticas coincidencias, que analizarán los expertos una vez logremos superar la situación, mostrarán una vez más la complejidad de la gestión del territorio expresada en todas sus dimensiones: la superposición de una temporada de lluvias dura, los eventos tectónicos, el mercado de tierras, la minería informal, las obligaciones contractuales y la programación de una obra titánica, la (in)sensibilidad normativa, la presión de diversos sectores de la opinión pública en plena recta final de las elecciones presidenciales. La tormenta perfecta.

Colombia nunca ha sido un país fácil para la ingeniería y en respuesta, ha sido ingeniosa y arriesgada, no hay otro camino. Ha ido añadiendo variables al proceso de transformación de sus territorios para hacer de ellos espacios de gobernanza en los cuales la construcción de infraestructura se favorezca con la intervención conjunta del capital empresarial y la política pública, que deben ir de la mano y que ni pretenden ni pueden renunciar a la responsabilidad que traen sus intervenciones. Los mecanismos para garantizarlo están en la Constitución y las leyes, y en el proceso democrático, por lo tanto, si el modelo de desarrollo que ha requerido y autorizado el gigantesco movimiento institucional que se requirió para construir el bienestar del cual depende la población colombiana no es el adecuado, es la sociedad entera la que con su criterio, ojalá ilustrado, debe participar en ese debate. Debate que, por demás, es intergeneracional: no se construye infraestructura de envergadura en un periodo presidencial.

Marché en los años ochenta en contra de la construcción de Urrá y aún estoy a la espera de una evaluación académica e independiente de los efectos positivos y negativos de tal intervención en la cuenca del río Sinú, que ambos tiene. Existen magníficas hidroeléctricas como Anchicayá o Chivor en Colombia y otras tan controversiales como Itaipú en la frontera entre Brasil y Paraguay, por no mencionar decenas en el resto del planeta, es inevitable. En el ecosistema, que no es otra cosa que un territorio vivo poblado por millones de personas, no hay comida gratis y cada decisión afecta los modos de vida de la sociedad de manera creciente, pues los efectos del cambio son acumulativos. Para quienes encuentran solaz en un momento particular de la historia y la geografía es cada vez más difícil sustraerse a los efectos del entretejido de esa dinámica, llamémosla globalización o no, pues no hay lugar en el planeta para refugiarse: los vasos comunicantes de la atmósfera, la economía y las comunicaciones hacen imposibles los proyectos autárquicos de no ser que medie en ellos una dictadura, cuyos resultados empobrecedores y a la vista en el vecindario, son peores.

La mejor energía para EPM, las comunidades locales y Antioquia entera en esta crisis, los colombianos necesitamos que Hidroituango funcione y que sea un eje de la gobernanza pacífica de una región que tiene una triste historia de violencias; ese fue su propósito original y así debe mantenerse. En las tragedias, no hay lugar para mezquindades.