La soledad del vehículo eléctrico

Autor: Manuel Maiguashca Fecha: Julio 2017

En países que importan sus vehículos y que producen petróleo, la soledad del vehículo eléctrico es abrumadora. Una soledad desolada como esa que recitan en El lado oscuro del corazón, película surrealista de principios de los noventa que narra las desventuras amorosas de un poeta obsesionado con las letras de Mario Benedetti.

No es tan desolada en otras partes. Donde la moneda local es más fuerte, donde hay establecida la industria manufacturera de vehículos o de baterías y donde la población exige la calidad ambiental en expresiones democráticas, es decir en más votos que en twitter. En Colombia los productores de vehículos eléctricos son muy pocos. Personalmente, solamente conozco a uno (Creatti Labs), que para matricular un prototipo tuvo que vivir padecimientos tales como que la autoridad le solicitará prueba de gases. Cada evento de caricaturesco obstáculo que enfrenta la innovación del vehículo eléctrico en Colombia se queda en la anécdota solitaria. No hay fuerza política en la sociedad civil que sirva de voz organizada para clamar por su desarrollo. Y algunos hechos hacen que esta voz sea necesaria.

El sector transporte es el ganador del mayor consumo de energía en Colombia y el transporte urbano parece ser el de mayor emisiones de gases efecto invernadero dentro del sector (los números aún no son claros en los balances realizados y se disputa con el sector de carga). Otros sectores, emiten más gases de efecto invernadero que el sector transporte (forestal y agropecuario), pero en cuanto a emisión de material particulado, el sector transporte es el campeón.

La viabilidad económica del vehículo eléctrico tiene diferentes resultados dependiendo del segmento que se aborde. Para el transporte privado la inversión inicial es muy alta para los recorridos realizados y aún no parece calificar el umbral de la viabilidad. Para los taxis puede ser viable en ciudades con recorridos diarios grandes como Bogotá pero con algunas intervenciones fuertes del Estado como la obligación de taxis eléctricos en la reposición. Donde sí hay una viabilidad mayor es en transporte público de buses y sistemas de transporte masivo en Bogotá, Medellín y Cali (muchos kilómetros recorridos diarios). Pero la introducción de los vehículos es aún muy tímida. Este paso lento obedece barreras de tipo económicas y tecnológicas y estos obstáculos, a su vez, son de lento desnudo ya que no hay voz que los agilice. Si la manufactura local es mínima y esto no produce empleos entonces de dónde viene la civil exigencia? Los proveedores internacionales quieren depositar sus inventarios obsoletos en Colombia y echan mano de cuanto párrafo haya firmado Colombia en los acuerdos comerciales para proteger esto. La industria de talleres, repuestos y accesorios ya tiene instalado un negocio y no tendría interés en el cambio. Los transportadores tampoco, ya que no quisieran tener que hacer nuevas inversiones riesgosas. Los aseguradores no juegan con números pequeños y las incorporaciones de vehículos innovados no les conviene en su manejo de riesgos. Y el sector petrolero no le interesa traer novedades que compitan con el fósil.

Entonces las voces quedan en el aspaviento de sectores ambientalistas sin chequeras ni gremios potentes organizados y políticamente poco representados y en los impulsos del gobierno. Inclusive ya se debate la bondad ambiental de los vehículos por la huella de carbono ligada a la actividad minera para producir las baterías. Se destaca la UPME y el Ministerio de Minas y Energía que han tenido iniciativas en este sentido pero muchas se ahogan en el océano de lo instalado y las restricciones del Ministerio de Hacienda. La voz entonces debe provenir de un sector no ligado del todo al transporte. Del sector eléctrico.

Hace meses ya el sector viene viviendo una disminución algo escandalosa en el crecimiento de demanda. Hoy Colombia, si mantiene el ritmo actual, tranquilamente el país cuenta con energía firme hasta más allá del 2028. Estas disminuciones de demanda dejan una capacidad de energía ociosa que puede ser utilizada en nuevos usos. Entonces el sector, tanto el de generadores, distribuidores y transportadores de energía pueden beneficiarse. Y este sector sí es uno organizado. Múltiples gremios existen con empresas potentes en recurso humano y técnico. Los avances que existen en Medellín y Bogotá en iniciativas de transporte eléctrico son gracias a EPM y Codensa. Ya el sector comienza a liderar y tal vez sea el llamado a aglomerar. A ser un eje del ecosistema de la discusión de la población civil y poco a poco ir evitando que el vehículo eléctrico viva una soledad tan desolada.